Soy un Nómada. Mis únicas Banderas son el cielo del día y el manto de estrellas en la noche. Mi Tierra está allí donde piso. Mi cultura es la que comparto e intercambio con las personas que encuentro en el camino. Mi himno es el canto de los pájaros, el susurro de los arroyos cristalinos y el bufido del viento en bosques y cumbres. Mi gente sois tod@s, aunque todavía no os conozca.

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sábado, 1 de diciembre de 2012

Puigmal al Invierno

Ascensión en Solitario al Puigmal. 30 Nov. 2012.




… Qué frío!... uf!… no puedo respirar, el viento se me lleva el oxígeno ... no entiendo...he estado muchas veces aquí y nunca he sentido esto… pero …¡¡qué frío por dios!!... la capucha?… dónde está mi capucha?... la siento aletear zumbando...- flap flap flap flap- aix!...…me duelen los oídos…y mi ojo…me duele el ojo…y mi capucha!? Dónde está mi capucha??

Tanteo con mis manos y salgo del bucle de pensamiento, pero no siento nada…el viento ha arrancado mi capucha??

Y entonces miro a mi sombra que se proyecta en la nieve helada. Veo que la capucha está encima de mi gorro de lana, bien puesta, en su sitio. Me llevo la mano al rostro para protegerme del furioso vendaval helado y giro la cara... Es entonces cuando me doy cuenta que he estado una fracción de tiempo “en blanco”, en una extraña sensación. Veo la cima a unos cientos de metros de mí…continuo?

-         -  Evidentemente: adelante!... ya no falta nada.

Sin embargo esta cima sencilla que he subido muchas otras veces, alguna también en hivernal y solitario, nunca me había parecido un cielo-infierno como el de hoy. Apenas me sostengo en pie dando bandazos al son de las rachas que deben rondar los 60km/h. Cuando llego a la cumbre intento hacer fotos. La cámara se abre pero se cierra sola. El obturador se queda bloqueado.  Por supuesto ni se me ocurre quitarme el guante exterior. Intento disfrutar el paisaje que se extiende en un engañoso cielo azul profundo… pero hoy aquí no hay quien disfrute. Miro mi altímetro-termómetro: Marca casi -13ºC !! (réstale por sensación…). Me empiezan a doler las manos. Nada. Hoy no hay almuerzo en cumbre, no hay ratito al Sol contemplando el paisaje. Hoy hay que salir zumbando de aquí pero YA. Solo espero que alguna de las fotos haya quedado medio bien… y si no… es igual…vamos…abajo!


Durante el descenso las manos empiezan a doler considerablemente. Dejo los bastones colgando, y concentro mi atención en cada paso por seguridad, hago movimientos con los dedos para coger calor. Pese al doble guante, paso un mal rato.

 - Imagina perder aquí un guante: saldría volando tal  y como han volado los bastones cuando subía. Almenos los bastones no han llegado demasiado lejos, pero un guante… un guante llegaría hasta Andorra, por lo menos. Buf. Mejor no pienses… Vamos a bajar, a llegar a un punto a resguardo de esta ventisca que por suerte es seca y no va acompañada de nieve en suspensión… no pienses en tanta gente que… no pienses. Mueve las manos… pies? Los pies bien, calientes… el resto del cuerpo? Bien…caliente. La cabeza? … algo fría…mejor. 


Tardo un buen rato en encontrar un tramo del descenso en el que el Sol aprieta y el viento no se siente. Intento entonces recuperar energía: la banana está helada, la hago puré con mis manos mientras intento separar la piel del fruto. El chocolate está congelado. Apenas puedo chuparlo y encontrarle el sabor. El agua también se me ha congelado, aún así brota un chorrito que me hidrata al tiempo que me hiela el gaznate. Debería haber traído el termo con algo caliente. Miro el altímetro: -8º … bueno, va haciendo más calorcito… sonrío: calorcito.

- Pero... Por qué me meto en estas situaciones?

Unas semanas, casi un mes, de muchísimo trabajo en mis proyectos. Una sensación de libertad al ver la primera nevada. Un impulso bien pensado y analizado. Una necesidad de estar SOLO en una Montaña Grande, con la nieve, el frío… Y eso es lo que he tenido. Nunca había sentido tanto frío. Nunca la Montaña se había mostrado tan dura y amenazante, con su engañoso aspecto celestial en blancos, negros y fondos azules. He buscado al invierno, y me lo he encontrado de cara, de sopetón. En su forma más brutal. Como un placaje de rugby.

Cuando iba subiendo tuve mis dudas al enfrentarme a las primeras rachas. De no ser porque esta Montaña la conozco como la palma de mi mano, bien seguro me habría tirado atrás. Ha habido momentos en los que cada paso se me hacía un esfuerzo supremo. Parecía como si las piernas se moviesen en una balsa espesa de fango: tal era la fuerza del aire!. Pero bien… ese era el desafío que hoy me propuso la Montaña: quieres subir?...será así, con mis condiciones. Y si no, no subirás.

Siempre he dicho que Las montañas Mandan. Nadie las conquista. Ellas son al final las que quizás se dejen subir. Y si hablamos desde los corazones, son ellas las que roban el tuyo para siempre…

Almenos hoy no hay dolor, sino una profunda sensación de enamoramiento y satisfacción. Habrá regreso a casa con los seres queridos.





Nota: No salgas solo/a. Tramita una licencia Federativa. Avisa de tu itinerario. Analiza la Meteo. Equípate convenientemente. Fórmate en Cursos de Alpinismo, Supervivencia y Orientación. Entrena y cuida tu preparación física y tu alimentación. Nunca subestimes a una Montaña por pequeña que sea, ni sobrevalores tus fuerzas.




miércoles, 2 de noviembre de 2011

Andorreando 8. Medacorba


"Ahora mismo mi culo sobrevuela el espacio aéreo francés!!"...me río yo solo mientras el pensamiento cruza mi alocada mente que dispara miles de ellos por segundo...supongo que para evitar pensar en algo más allá...Mis manos se aferran a un trozo de pizarra que debe ser el límite de Andorra, Francia y España-Catalunya...me siento como un globo, como uno de los cuervos que sobrevolaron este mismo punto hace unos minutos graznando...como diciendo: "por aquí, por aquí..."

Mi compañera me ha dicho que ella no sigue, que "vaya haciendo"...que ahí me espera... Afortunadamente se lo repensará, y acabará siguiendo mis pasos.

La salida de la canal por la que hemos ascendido hasta la cresta aérea del Medacorba nos ha dejado muy a la derecha del pico, muy hacia el Este. Sólo un loco se pararía a sacar el mapa de la mochila y comprobar la situación... Se trata simplemente de ir salvando la cresta... Y así hago...Trepo como puedo, cuelga el piolet de mi muñeca, mis guantes se aferran a los salientes de la oscura pizarra, mis botas se encastran literalmente en las fisuras y grietas, olvido el vacío que espera a mi espalda... No hay viento, vienen desde muy lejos grises nubes de niebla, el Sol hace ya rato que se ha escondido...viajo en mis recuerdos...respiro profundamente saboreando la vida misma.

Todo empezó ayer. Subimos sin problemas atravesando los muy bien señalizados senderos de Andorra, en el sector de Arinsal. Cuando quisimos darnos cuenta estábamos en el refugio del Pla de l'Estany. Un magnífico refugio libre, como todos los de aquí. Coincidíamos con una pareja, Carlos y Laura, que ya hacía un rato habían llegado. Después de escoger nuestra litera de hierro, nos dedicamos a darle un toque de calor al asunto. Sí, en el refugio un fuego nació para alumbrar el valle, para darnos calor, para cautivar con sus azules y rojizas llamas nuestras miradas, mientras escuchábamos el crepitar de los troncos de pino negro y abeto. Así fué hasta bien entrada la noche. Algo antes, llegó un numeroso grupo de Montañer@s que se ubicaron como pudieron en el espacio reducido y también compartieron el fuego. Es así en las Montañas: todos caben, sean los que sean... tod@s dentro.

La cena caliente y la fría noche dieron paso a un amanecer que de por sí vale todos los esfuerzos e inversiones. El grupo numeroso marchó, y nosotros, sin prisa, acometimos nuestro objetivo sin tener en cuenta el transcurso del tiempo. Progresamos subiendo las pronunciadas pendientes siguiendo el GR11 que atravesaba cascadas de agua pura de Montaña. El Comapedrosa, el pico más alto de Andorra, presidía nuestra marcha. Al cabo de una hora estábamos cerca de los estanys Forcats...y nos permitimos el lujo de "perder" unos largos minutos en el Refugio de Madera que allí se encuentra medio escondido. Ya habíamos pisado algo de nieve, pero fue al dirigirnos a los Estanys cuando la Montaña nos enseñó su cara Blanca, su máscara de invierno. Volvimos a encontrarnos con Carlos y Laura, y juntos flanqueamos los lagos intuyendo el sendero que nos llevó, hundiéndonos en la nieve blanda hasta la pantorrilla, al Collado de los estanys Forcats. Allí nos separamos. Ellos bajaban hacia Baiau. Nosotros, intentaríamos el Medacorba.


Había observado durante el flanqueo de los lagos una canal muy pronunciada que se dirigía directa a la Cresta. Así que tras un breve "cursillo" de tres minutos sobre cómo usar el Piolet, Crisu y yo nos metimos de lleno en la canal. No más de 40º, nieve blanda que desaconsejaba el uso de los crampones, trozos de roca de pizarra descompuesta y suelta que me sugerían medir cada paso con mucha cautela... Poco a poco, nos colocamos en la cresta... Y la visión que allí tuvimos, ya valió de por sí todo el esfuerzo. Casi tres horas desde el refugio. El cielo se iba cubriendo. Las grandes gigantes nevadas ocupaban el horizonte. Las afiladas rocas de la cresta nos retaban a seguir o abandonar... Y tras sopesar la situación, continuamos.

- Ya que hemos llegado hasta aquí...! -dijo Crisu mirando la cumbre que estaba tan cerca y a la vez tan lejos...

Fue así como llegamos finalmente a una zona en la que crestear se nos antojó suicida. Por lo que siguiendo una traza de algún montañero solitario, flanqueamos la muralla de piedras por su cara Sur, menos expuesta, hasta atisbar un palo solitario que clavado en la cima indicaba el final de la subida. Allí que nos dirigimos entre algún patinazo, afianzando el piolo en la nieve y echando manos a la roca en más de una ocasión.

Cuando llegamos a la cumbre, la emoción que conocéis aquellos que subís montañas me invadió por completo. A punto habíamos estado de abandonar, de "abortar misión"...pero la tenacidad y las ganas pudieron sobre el "miedo" y el cansancio. Y allí estábamos. Durante unos minutos, mientras las grandes nubes grises se acercaban y cubrían los picos cercanos, mi corazón estuvo tan vivo como pueda estarlo en sus últimos segundos. Mi vista se perdió en el inmenso horizonte. Sentí, agradecí y absorbí para el recuerdo el momento.


Después tocó abandonar la cumbre, cosa que hicimos por lo que parecía el itinerario más "normal" para ascender, siguiendo la traza del solitario que nos había precedido, inventando el camino en la mayoría de los momentos. Con bastante rapidez, escaloneamos la Montaña, entre manchas de nieve, lascas sueltas de pizarra y manantiales que corrían hacia los lagos ladera abajo...

Cuando regresamos sanos y salvos al Collado, supimos que ya sólo nos quedaba llegar al refugio tranquila pero cuidadosamente. Y desde la casa de piedra que acogió nuestro sueño ligero, llegar a "la tanqueta", que nos esperaba paciente en Arinsal, fue sólo cuestión de tiempo...y algo de paciencia.

Añoro aquella cima ahora. Aquel momento. Pero vivirá siempre en mí. Y eso es lo que más puedo agradecerle a la vida: que lo viví, y que puedo compartilo contigo. Allí arriba pensé lo que ahora recuerdo: que los lugares que marcan nuestras vidas tienen mucho que ver con la gente que allí nos encontramos... incluidos nosotros mismos.