"Mis únicas Banderas son el cielo del día y el manto de estrellas en la noche. Mi Tierra es allí donde piso. Mi cultura es la que comparto e intercambio con las personas que encuentro en el camino. Mi himno, el canto de los pájaros, el susurro del arroyo y el bufido del viento en bosques y cumbres... Mi gente sois tod@s, aunque todavía no os conozca."

lunes, 8 de agosto de 2016

Écrins: Refuge du Glacier Blanc


Ascensión al Refuge du Glacier Blanc en el Parc National dels Écrins (Alpes, Francia). Un itinerario fácil y bien señalizado que parte del Pré de Madame Carle y el Refugio Cezanne (1874m). Tras cruzar el torrente del Glacier Noir enfilamos las pronunciadas rampas, siempre con sendero marcado, que nos llevan en unas 2 horas al Glacier Blanc y al Refugio del mismo nombre (2550m.). Desde allí las vistas son impresionantes sobre los picos de Pelvoux, Sans Nom, Ailefroides, y otros. Este refugio es un punto intermedio de la ascensión al posterior Refuge des Écrins, desde el que suele realizarse la ascensión -ya en terreno alpino riguroso- a los picos de más de 4000m que forman el techo del macizo: La Barre des Écrins, el Pic Lory y el Dôme de Neige.





Amanece lluvia en los Alpes franceses. Dentro de la tienda tenemos unos agradables 15º y estamos totalmente secos y confortables en nuestros sacos. Tras toda la noche con tormenta y chaparrones intermitentes, abrir la cremallera y sacar la cabeza para contemplar el panorama es una especie de apuesta. La primera impresión no es del todo mala: todo mojado, algunas nubes, algunos claros azules... Preparamos un desayuno consistente en el avancé de la tienda y unas mochilas ligeras con lo imprescindible. Según las previsiones de la meteo local, las posibilidades de nuevas tormentas y chubascos aumentarán a partir de mediodía.

Salvamos la distancia entre nuestro "campo base" que hemos instalado en el Cámping Les Mille Vents y el punto de inicio de la excursión en unos 40 minutos en coche. Llegados al Pré de Madame Carle nos espera un señor con los tickets de aparcamiento: 2€. No está mal, sobretodo considerando que en otros lugares -como podremos comprobar días después en la zona de Navache y tal y como pasa por ejemplo en Benasque y Ordesa- nos obligarían a abandonar el vehículo y tomar obligatoriamente lanzaderas mucho antes de llegar al punto de inicio. Una vez aparcamos el vehículo nos equipamos someramente y comenzamos el camino debidamente señalizado. El lugar es en sí mismo fantástico y precioso, y bien vale la pena una visita.




Familias al completo, alpinistas algo más serios y equipados, parejas jóvenes, niños con sus abuelos... Todo tipo de personas se adentran en el camino hacia el Glacier Blanc que por momentos se asoma tímidamente entre las ramas de los árboles. Poco a poco nos adentramos en el valle hasta cruzar un puente de madera y vadear el torrente del Glacier Noir que baja impetuoso, crecido con las últimas lluvias. A partir de ahí, el sendero se hace más exigente y comienza a subir de forma pronunciada en zig-zags, salvando metro tras metro, ofreciéndonos las vistas más impresionantes del valle y los picos escondidos tras las nubes que nos rodean. Por momentos, nos sentimos tan pequeños e insignificantes como granos de arena en una playa. El valle en U, excavado por la erosión de los Glaciares Negro y Blanco que en un tiempo fueron uno solo, nos atrapa con su belleza ancestral y primitiva cuando lo contemplamos ya desde cierta altura. Intento identificar los principales picos de la zona cuando se dejan entrever, pero sin un mapa "oficial" el intento se convierte en un imposible... así que guardo el mapa y me dedico a disfrutar y absorber el entorno como un líquen absorbe la humedad del aire...




Poco antes de llegar al final de las rampas, aparece delante nuestro una mujer: está descenciendo sola y parece sufrir un ataque de ansiedad. Intenta por todos los medios llamar por su móvil a alguien, pero no tiene cobertura. Está asustada, despavorida, respira agitadamente, se abanica con la mano, se cae al suelo... se tumba: "tengo miedo, tengo mucho miedo" dice en francés e inglés... Evidentemente detenemos la excursión para socorrerla. Mi hijo no acaba de comprender lo que ocurre y en su mirada me plantea mil interrogantes. Mi mujer tampoco acaba de comprender lo que está ocurriendo. Yo me centro en detener el ataque de ansiedad de la señora. Hablo con ella y le doy instrucciones y consignas al tiempo que la hago volver al aquí y ahora. Es inglesa, se llama Peggy. "Respira Peggy, por la nariz... respira". Me cuenta que su marido ha continuado caminando hacia arriba pero ella, cansada y poco acostumbrada al monte ha decidido bajarse sola. "No estás sola, estamos aquí contigo, hay mucha gente en el camino y vamos a ayudarte". Entonces le ha sobrevenido el ataque de pánico: al verse sola, en un terreno desconocido... "no sé por qué me está pasando esto"... "Tranquila, Simplemente ha pasado, pero ya se va... tú eres fuerte, respira, estamos aquí contigo..."

Unos minutos después Peggy se encuentra mejor y quiere continuar su descenso. Yo, viendo que la mayoría de personas que están subiendo se han desentendido completamente del problema, valoro acompañarla almenos hasta vadear el río. Sin embargo, finalmente, aparecen una pareja de médicos austríacos que bajan hacia el refugio Cezanne. Hablo con ellos y acordamos que se harán cargo de acompañar a Peggy.




Respetando siempre el ritmo del más lento del grupo, avanzamos sin prisa pero con pocas pausas hasta que cruzamos el torrente del Glaciar Blanco. En este punto, hace unas décadas, ya era necesario calzarse los crampones para continuar la marcha. De hecho aparecen los primeros pasamanos en la pared, que en invierno quizás tengan alguna utilidad, pero que ahora en verano no son más que el testimonio de tiempos mejores para la gran masa de hielo en regresión. Ciertamente el Glaciar Blanco está algo más allá del refugio, a unos cientos de metros. Al contemplarlo tengo la sensación de estar viendo al último de los dinosaurios a punto de extinguirse...

Continuamos subiendo dejando a un lado una pequeña laguna glaciar y el antiguo refugio Tuckett -una cabaña minúscula de piedra- pasando rápidamente entre los gritos de las Marmotas, que aquí se muestran sin miedo, acostumbradas al tránsito constante de humanos con mochilas. El Refugio del Glacier Blanc ya está a la vista: como un nido de águilas, ubicado encima de un promontorio rocoso que parece inexpugnable. De hecho, para llegar hasta él debemos pasar un tramo con pasamanos y un par de escalones de ferrata que ponen la guinda final al viaje.



En dos horas y media hemos completado la subida: algo más lentos que las dos horas que indican las reseñas. Compartir estos momentos y experiencias con mi familia no tiene precio. Disfrutamos en la terraza del refugio de nuestro pic-nic acompañado por unos refrescos y pasteles caseros de chocolate que han elaborado los guardas, contemplando las vistas excepcionales y el increíble panorama de las montañas humeantes. Las nubes que corren nos recuerdan que el tiempo pasa y la probabilidad de lluvia aumenta, así que tras el breve descanso nos ponemos en marcha y regresamos por donde hemos venido. En una hora y media llegamos al refuge Cezanne. Justo antes, en el vado, encontramos a Peggy que nos espera con una sonrisa y uno de nuestros bastones de trekking. Me da un gran abrazo y nos despedimos.

Cuando llegamos al coche comienza a llover. Al pasar por Ailefroide, unos minutos después, diluvia y truena como nunca.

...Y yo pienso en el día en el que volveré para subir las grandes cimas que hoy estaban escondidas.


Ficha Técnica MIDE según mis propias apreciaciones (sin GPS).

Inicio-Final: Aparcamiento Refuge Cezanne (1874 m) Altitud Máxima:  2550 m.
Desnivel+ Acum: 700 m. Distancia: aprox 5 km. Horario: 4 hs (ida-vuelta).

Dificultad: 2 Cantidad de esfuerzo: 2 Severidad del medio: 2 Orientación en el itinerario: 2